Editorial

Asusta un poco verte así­

por La Cámpora
12 may 2010

En estos últimos sesenta dí­as el dí­a a dí­a argentino nos permitió ver lo que venimos pregonando desde hace años. Lejos de ser una excusa, nuestro argumento logró volverse visible en un nuevo e incipiente escenario polí­tico, económico y comunicacional.

El conflicto desatado por Redrado al resistirse a dejar la gestión del BCRA y una oposición que se opuso y se ubicó detrás de su figura, terminó por desenmascarar no a Redrado, sino a la propia oposición. El capital polí­tico-mediático puesto en juego, si bien no era mucho, sufrió un gran desgaste. Sólo se entiende haber apoyado a Redrado si el premio que esperaban obtener era el mayor. Para ser más claros: allanarle el camino al poder a un vicepresidente famélico, que viniera a cuidar los derechos adquiridos a la largo de la historia argentina por los factores de poder que nunca se someten a elecciones.

Cuando la Presidenta clarificó la situación al suspender su viaje a China logró que vastos sectores de la población prestaran más atención a las actitudes del vicepresidente que se vio obligado a votar por la destitución de Redrado cuando, en un principio, habí­a sido su principal aliado. La circunstancialidad de dicha sociedad duró lo que duran los matrimonios por conveniencia y Redrado no tuvo otra opción más que cumplir con la decisión polí­tica de este Gobierno y se fue envuelto en más de un escándalo.

El uso de las reservas a través de un DNU es válido, legí­timo y legal, aunque encontró todo tipo de resistencia en la que llamáramos en editoriales pasadas, una U.T.E opositora. La precariedad argumentativa de esta U.T.E tanto por izquierda como por derecha, sólo llevó a consolidar los argumentos del gobierno.   Esclareciéndose a los ojos del pueblo y sus ciudadanos que las elucubraciones republicanas, democráticas de base moral y puritana, no buscaban las soluciones a los problemas de la comunidad, sino más bien, el derrumbe de una sociedad para luego derrumbar a Cristina.

La amalgama mediática totalizadora que poseen los principales opositores a la nueva Ley de Medios Audiovisuales los protegió y los protege, pero esta vez a diferencia de anteriores conflictos, los medios mintieron como siempre, pero salieron dañados en su capital como nunca. No hablamos del capital económico, sino del capital simbólico, que no es otro que su credibilidad. Su acción de oro es sólo el recuerdo de lo que siempre fue la verdad confeccionada o si quieren la mentira organizada.

Las masivas movilizaciones que se dieron en las calles buscando que se aplique la nueva Ley de Medios Audiovisuales erizaron los pelos de los parlanchines sacralizados por el mismo sistema que a través de jueces cómplices de la más genocida dictadura, quieren echar por tierra con cualquier ordenamiento legal que permita la aparición de nuevas voces que interpreten una Argentina subterránea que quiere hablar.

La gente se cansó. Si sacás un DNU la Justicia te lo para. Si el Congreso aprueba ampliamente una Ley de Medios, la Justicia también te lo para. Lo único que buscan es impedir y hablándonos desde sus púlpitos mediáticos callan con sorna mientras el vicepresidente se permite modificar la Constitución para aprobar modificaciones a leyes cuyos requisitos constitucionales son el de contar con una mayorí­a calificada.

Desde este espacio militante siempre reivindicamos la organización al igual que la acción bajo un concepto definido. La espontaneidad, siempre reivindicada desde una concepción individualista por la corporación mediática, para nosotros es diaria a la hora de caminar calles y barrios donde cara a cara conocemos la realidad no televisada, donde la necesidad de brindar soluciones colectivas no nos permite esa espontaneidad espasmódica, sino más bien buscar la cualificación y cuantificación a la hora de encarar los desafí­os y lo mucho que hay por delante.