Política

2 de abril

Fuera ingleses de Malvinas. Fuera yankis de América Latina

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La causa Malvinas es una de las certezas más profundas e irrenunciables que tenemos como pueblo. Contra la desmalvinización que buscó imponerse después de la guerra, de la mano de Néstor y Cristina comenzó la remalvinización. Hoy, el saqueo inglés se realiza con la entrega del gobierno nacional. No vamos a recuperar las Malvinas con genuflexiones diplomáticas y alineamientos serviles con potencias extranjeras. Frente a la vergonzosa subordinación, seguimos afirmando que las Malvinas fueron, son y serán argentinas.

por La Cámpora
2 abr 2026

“No hay nada de la nacionalidad que se pueda recuperar de rodillas, se recupera por la paz, con amor pero con dignidad, defendiendo los valores y la integración nacional de nuestra tierra.” Néstor Kirchner.


La causa Malvinas es una de las certezas más profundas e irrenunciables que tenemos como pueblo, una convicción que atraviesa generaciones y que está arraigada en la historia, la memoria y en nuestra identidad común. Malvinas nos une y encarna también la idea de una Argentina bicontinental, idea de la que las grandes potencias, empezando por el Reino Unido, nos vienen queriendo privar desde la usurpación de 1833. No habrá integración territorial y soberana plena de la patria sin la recuperación de las islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes.

 

Luego de la Guerra de Malvinas de 1982-en cuya gesta participaron más de 20.000 héroes, veteranos y veteranas civiles y militares de todo el territorio nacional y en la que resultaron caídos 649 argentinos que dieron su vida por la patria-, se fueron imponiendo en la política y en la cultura argentinas distintos discursos de carácter desmalvinizador, que prepararon el terreno para que los gobiernos neoliberales bajaran la bandera de la soberanía nacional en pos de consumar relaciones carnales con las grandes potencias que integran la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).


La desmalvinización encontró un freno durante los doce años de gobiernos de Néstor y Cristina que empujaron un verdadero proceso remalvinizador en la Argentina. La reivindicación y reconocimiento económico a los veteranos y veteranas como política de Estado, la regionalización de la causa Malvinas a toda la Patria Grande, la internacionalización del reclamo como causa de todos los pueblos oprimidos del mundo, la creación del Museo Malvinas, la puesta en valor de la cultura malvinera, la desclasificación del “Informe Rattenbach”, la denuncia de militarización del Atlántico Sur, y un infinito etcétera. Dijo Cristina el 2 de abril de 2013 desde Puerto Madryn:

 

“Venimos a ofrecer reconocimiento a los hombres que sobre sus pechos lucen las medallas y las condecoraciones que supieron conseguir con honor y valor, en el campo de batalla. Cómo no reconocer, cómo no homenajear a esos jóvenes que sin preparación, sin elementos, abandonados a la suerte de Dios y a su propia pericia o impericia, los mandaron a enfrentar a un enemigo profesionalizado”.

 

Cabe destacar que hace más de 20 años existen causas judiciales impulsadas por excombatientes por torturas, tratos crueles, inhumanos y degradantes sufridas por conscriptos en las Islas Malvinas durante la guerra por parte de sus superiores.


Lo que vino después de una década ganada de remalvinización fue el retorno a la desmalvinización con Macri primero y Milei después.

El 20 de septiembre de 2016, en una publicación en sus redes sociales donde criticaba el comunicado conjunto de las cancillerías de Argentina y el Reino Unido, decía Cristina:


“La defensa de nuestra soberanía en Malvinas no es una causa argentina, es una causa regional, una causa global, de todos quienes rechazamos la existencia de un enclave colonial al sur de nuestro continente. Poner fin al colonialismo es un imperativo ético, destinado a construir un mundo más justo, un orden mundial equilibrado, donde no impere la ley del más fuerte.” 


Durante los 193 años de usurpación británica en nuestro archipiélago, el Reino Unido sostiene la economía de las islas a costa del saqueo de los recursos naturales argentinos. 


En el siglo XIX se dedicaron a depredar los animales marítimos y luego fueron a por la lana del ganado ovino argentino. Muy por el contrario, a partir de los Acuerdos de Comunicaciones de 1971 y mientras las islas sufrían una economía declinante, nuestro país abasteció a las Malvinas con combustible a través de YPF y con gas licuado por medio de Gas del Estado; la Fuerza Aérea Argentina construyó un aeródromo y Líneas Aéreas del Estado (LADE) brindó un servicio aéreo entre las islas y el continente y hasta llegó a tener una oficina en las islas; se brindaron además servicios educativos con envío de maestras y becas para isleños/as en el continente y hasta se realizaban traslados de salud y servicios de asistencia médica. Todas demostraciones de que Argentina podía hacerse cargo de la soberanía, en el marco de la Resolución 2065 de Naciones Unidas.  

 

Tras la guerra, sin embargo, el Reino Unido profundizó la militarización y el saqueo. Antes de 1982 ocupaba las Islas del Atlántico Sur y sólo 3 millas náuticas alrededor de cada una. Luego del conflicto bélico, los ingleses fueron avanzando paulatinamente hasta llegar a las 200 millas náuticas para la década de 1990. Las posibilidades de otorgar licencias sobre explotación y exploración de los recursos argentinos -en especial, los ictícolas y los hidrocarburos- modificó considerablemente la estructura económica de las islas, que pasó de ser apremiante antes de la guerra a tener en 2018 el quinto PBI per cápita del mundo.


La población se duplicó y hoy es de alrededor de 3500 personas, la gran mayoría británicas. Pero seamos claros: la economía de las islas y el nivel de vida de sus ocupantes se sostienen a costa de la depredación ambiental de los recursos naturales de todo el pueblo argentino. Y como dijo Cristina en 2014, "la verdad sobre Malvinas es que son la mayor base militar y nuclear de la OTAN en el Atlántico Sur". 


Hoy, el saqueo inglés se realiza con la entrega del gobierno nacional.

Desde su candidatura a presidente, Javier Milei altera los principios más elementales de la soberanía nacional y Malvinas no es la excepción. A las muchas veces que declaró profesar su admiración por la figura de Margaret Thatcher debemos añadir sus acciones como gobernante: desde diciembre de 2023 no ha hecho otra cosa que atentar contra el reclamo histórico de nuestro pueblo por recuperar el ejercicio de la soberanía sobre las islas. Partiendo del “entendimiento diplomático” que la entonces ministra Diana Mondino firmó con el canciller británico David Lammy hasta la admisión del “derecho a la autodeterminación” de los que llaman kelpers pero son británicos, Milei no ha dejado de debilitar los pilares sobre los cuales se sustenta nuestro reclamo de soberanía. 

 

Todo esto en un marco donde las decisiones fundamentales sobre la economía argentina se toman en el Fondo Monetario Internacional o directamente en la Casa Blanca. Mucho tiene que ver la usurpación con la deuda externa y mucho tiene que ver además el dominio colonial del Reino Unido con la complicidad y el apoyo de los Estados Unidos. Durante el siglo XIX, las Malvinas quedaron desprotegidas como consecuencia del ajuste fiscal y el desmantelamiento de nuestra escuadra naval que siguieron a la monumental estafa que fue la deuda con el banco británico Baring Brothers. La historia nos muestra también que la ocupación británica de 1833 no hubiese sido posible sin el anterior ataque del buque de guerra estadounidense, la Lexington, que arrasó con el poblado argentino en las islas. Y que tampoco se hubiera sostenido si Estados Unidos cumplía con ese imperativo de “América para los americanos” que reza la Doctrina Monroe de 1824. Puro chamullo imperialista. 

 

Por otro lado, en el campo diplomático, los Estados Unidos han votado en consonancia con Reino Unido en resoluciones clave para la disputa de soberanía: durante el conflicto de 1982, no sólo los norteamericanos no votaron a favor de la posición argentina cuando convocamos al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) para obtener apoyo de los países americanos, sino que además respaldaron militarmente al Reino Unido y aplicaron sanciones económicas contra la Argentina. 

 

Evidentemente, ser buenos alumnos de Estados Unidos no trajo nunca beneficios para el país. No vamos a recuperar las Malvinas con genuflexiones diplomáticas y alineamientos serviles con potencias extranjeras. Un gobierno como el de Milei, desesperado por conseguir dólares para alargar la vida de su fracasado plan económico, carece de toda fuerza para defender los intereses de nuestra patria. Lo que viene sucediendo en Ushuaia tras el anuncio de la base militar norteamericana abre un gigantesco manto de sospecha sobre cuáles son las verdaderas intenciones de Trump y Milei.

 

Recordemos que durante la pandemia Patricia Bullrich ofreció vender las Malvinas por vacunas y que en los años noventa Mauricio Macri había declarado que representaban un “costo” para el país. En ese marco, las Malvinas-y nuestro acceso a la Antártida- corren el riesgo de convertirse en una prenda de negociación más en un tablero geopolítico que nos tiene como patio trasero de los yankis. No sería la primera vez que Estados Unidos muestra interés en ellas, o en defraudar las expectativas de sus más acérrimos defensores. 


Por eso, frente a esta vergonzosa subordinación, seguiremos afirmando que las Malvinas fueron, son y serán argentinas.

Como hizo el pueblo de Puerto Madryn en septiembre de 1984, cuando un barco de guerra estadounidense de la “Atlantic South Force” intentó atracar en el muelle Almirante Storni. El pueblo madrynense, que no olvidaba el apoyo militar, político y económico que brindó Estados Unidos a Reino Unido durante la guerra de Malvinas, organizó una comisión multisectorial con aval del Concejo Deliberante, declaró personas no gratas a los tripulantes del buque y el 10 de septiembre marchó hasta el muelle al ritmo del Himno Nacional pero también de las consignas “yanquis go home” y “pueblo, coraje, al yanqui dale raje” para echar a los estadounidenses del suelo nacional. Imitemos el ejemplo. 

 

Fuera ingleses de Malvinas. Fuera yankis de América Latina. 

 

Para honor de nuestro emblema/Para orgullo nacional/Brille «Oh, Patria» en tu diadema/La perdida perla austral.