Estrella, Estrellita o Stella Rossi fue una compañera que supo tener la camiseta de La Cámpora hasta el último de sus días. No como un símbolo vacío, sino comprendiendo que vestir la remera de la organización es vestir la remera de la Argentina; la de los desatendidos, los que necesitan, los que sienten hambre. La remera de Estrella arde de ternura y humanidad, con el ejemplo de Francisco, y, en agradecimiento de corazón a Cristina y Néstor. Su compromiso es hoy una para nosotros y nosotras una promesa seria y responsable de hacer lo que haga falta para liberar a Cristina y liberarnos.
¡Hasta siempre, Estrellita!
La militancia cura
Los compañeros y las compañeras de Estrella Rossi despiden a Estrella Rossi, una compañera histórica de La Cámpora en Saavedra y precursora de la unidad básica de Núñez. Le agradecemos con estas palabras, de corazón, por su ejemplo y militancia incansable en el territorio, en la Mesa de Salud de la organización en la Ciudad de Buenos Aires y en la Legislatura.
Decía: "La básica y la militancia -como la Iglesia para Francisco- es para todos, todos, todos, no puede quedar nadie afuera”. Sus compañeros agregamos: el corazón de Estrella también es para todos y todas.
Esa forma de pensar no se reflejaba solo en sus palabras, sino también en sus acciones. Si a algún compañero o compañera le faltaba el techo, ella le daba el de su propia casa; si le faltaba qué ponerse en los pies, le ofrecía su propio calzado; humana como pocos, sabía que ninguno ni ninguna se compone solo de errores ni tampoco se podía ser solo virtudes. En su corazón nos atendió a todos y todas porque sabía que militar es curar.
Te sanaba con amor, así como hacen las madres. Supo tener una, ya de grande, la Madre de todos: Hebe de Bonafini, con quien militó junto a sus compañeras durante muchos años. Y así como hacen las madres, a los más jóvenes de sus compas los y las invitaba a comer su guiso de lentejas con una barra de chocolate: “Receta de Hebe”, nunca se olvidaba de nombrarla.
Hoy su ejemplo y su recuerdo nos sirve a todos y todas. Una compañera que nunca aspiró a tener ningún título, ninguna etiqueta ni necesitaba ser responsable de nada; siempre lo decía. Solo quería ayudar, ser constructiva; comprendía que la unidad era superior al conflicto y que la Patria es el otro… y lo entendió mejor que muchos y muchas.
Cultivó amigos y amigas por todas partes; todos la recuerdan con cariño y agradecimiento después de años militando en La Cámpora; antes, en Madres de Plaza de Mayo. Incluso, en su etapa sindical, perdió hasta el trabajo con el que bancaba la olla en la lucha, para que en esa empresa sus compañeros y compañeras de la fábrica trabajen en mejores condiciones.
No le importó, ella sabía que no se podía ser feliz en soledad. Su vida fue para los otros una luz en la oscuridad para los que tenían la dignidad rota, para los que cargaban su alma en soledad, para los que la necesitaban a ella; para ellos y ellas decidió vivir.
Y así también nos dejó, como nos dejan todas las personas en algún momento, pero firme a sus convicciones, con la casaca puesta. No dejó nunca de caminar, como todo buen militante. Hasta el último día, con ganas de hacer justicia y liberar a Cristina, para terminar con este triste gobierno de saqueo y miseria, con todas esas nobles intenciones vivió y murió. Eso para nosotros y nosotras es morir con gloria, como dice el Himno Nacional.
La militancia cura
Una profunda tristeza tuvo lugar en su vida, un dolor tan fuerte que la llevó a perder hasta las ganas. La militancia llegó a su vida para salvarla. Fue allí donde Estrella sanó: en la mesita de campaña, la discusión y difusión política, la de salir a la calle, la de la militancia, la mesita del mate y del encuentro con el barrio y con el compañero. A veces las heridas van por dentro y otras veces por afuera, pero todas las heridas sanan. La militancia la salvó y ella se comprometió a salvar al resto.
La militancia efectivamente cura y por eso Estrella era militante. ¿Saben cuál era la palabra más cariñosa que te podía dedicar Estrella? Compañero o compañera. Así le decía a sus amigos, a los que más quería, y era lo más lindo que te podría decir. Es difícil de explicar, pero cuando te lo decía había algo en sus ojos y en su tono de voz que hacía que sintieras lo importante que era esa palabra para ella.
Una compañera militante y leal como ninguna
El presidente Juan Domingo Perón, en el Manual de conducción política, dice que, a veces, las personas envejecen, su mente se marchita y su corazón se intimida. Estrella nunca envejeció, nunca se puso demasiado vieja para sostener la mesa de campaña, ni para seguir aprendiendo o para pegar un afiche, nunca necesitó un título o un reconocimiento para dar la vida por una causa justa, nunca dejó de compartir con los jóvenes ni dejó de ser una JP del corazón. Nunca le dio miedo perder cuando tuvo que luchar por lo que era justo; nunca tuvo el corazón intimidado; nunca bajó los brazos; siempre entendió que la clave era salir: salir a buscar al otro, embarrarse. Nunca permanecer cómoda mientras hay alguien allá afuera que te necesita.
De Estrella a Cristina
Cristina:
Estrella te manda un beso y un abrazo enorme, con mucho cariño, a vos y a Máximo. No sabemos a ciencia cierta qué te diría exactamente, pero creemos que te hubiese pedido que no tengas miedo, aunque sabe que no lo tenés, y que tengas coraje, aunque sabe que te sobra, y que sepas, aunque sabe que ya sabés, que tenés el amor profundo y el agradecimiento de millones de argentinos y argentinas.
Y que, desde donde esté y como pueda, va a seguir ayudando como hizo siempre para verte libre y decirte Presidenta.
Sus compañeros como último gesto por ella, te hacemos llegar estas palabras y nos comprometemos en seguir su ejemplo de vida y de militancia.