“La América del Sud, emancipada de España, gime bajo el yugo de su deuda pública. San Martín y Bolívar le dieron su independencia, los imitadores modernos de esos modelos la han puesto bajo el yugo de Londres”,
Juan Bautista Alberdi, Estudios Económicos, Tomo I.
Los intentos de reducción de la causa Malvinas a una efeméride por gran parte de los gobiernos que sucedieron el conflicto de 1982 -con la notable excepción de los gobiernos kirchneristas- han contribuido significativamente a generar un falso efecto disociador entre las dimensiones de la soberanía. Es como si pretendiesen que las esferas territorial, política y económica, en Malvinas, pudiesen funcionar por separado; como si fuera posible reivindicar la soberanía de las islas mientras lxs funcionarixs del gobierno representan a embajadas extranjeras; o como si fuera compatible condecorar a un veterano o veterana de guerra por sus acciones en 1982 y al mismo tiempo continuar endeudando al país para la bicicleta financiera.
“Desmalvinizar”, como lo llamó el francés Alain Rouquié, ha sido la estrategia de separar el fuerte anclaje de la causa Malvinas en el corazón de nuestro pueblo de la capacidad que tiene la cuestión Malvinas, es decir la disputa por la soberanía, para unir de forma indisociable las banderas de soberanía política e independencia económica. Pero, ¿por qué decimos que tiene esta capacidad? Porque si nos detenemos a razonar quiénes fueron los responsables de la ocupación y usurpación de las islas desde 1833 y quiénes fueron los responsables por los crímenes de guerra durante la Gesta de 1982, queda en evidencia que son los mismos que han apoyado gobiernos que entregan la conducción del Ministerio de Economía a los grandes bancos de sus países en detrimento del pueblo mientras que a la vez pactan acuerdos contrarios a los intereses del país en lo que respecta a la soberanía de Malvinas.
La propuesta es, entonces, combatir la deshistorización del 2 de abril y remitirnos a algunos momentos cruciales de la cuestión Malvinas para pensar el entramado colonial económico y político al que nos han y quieren seguir sometiendo los mismos actores de siempre.
1. La ocupación de Malvinas en 1833 o la tercera invasión inglesa
No se puede entender la usurpación de las islas sin explicar su contexto y antecedentes coloniales por parte de Inglaterra. A inicios del siglo XIX, Inglaterra necesitaba colocar sus productos industriales en las colonias españolas -en acuerdo con contrabandistas locales- por la pérdida de los mercados europeos a manos de los franceses, por el bloqueo continental napoleónico. Buenos Aires y Montevideo eran, por su parte, los puertos australes con mayor envergadura de la época y con cercanía al único paso interoceánico de aquel entonces: el estrecho de Magallanes.
“Desmalvinizar”, como lo llamó el francés Alain Rouquié, ha sido la estrategia de separar el fuerte anclaje de la causa Malvinas en el corazón de nuestro pueblo de la capacidad que tiene la cuestión Malvinas
En 1806 tuvo lugar la primera invasión inglesa a manos del general William Beresford que, además de robarse exitosamente para Londres el más de millón de pesos plata (alrededor de 30 millones de dólares) de las cuentas públicas, decretó la libertad de comercio y nombró a José Martínez de Hoz como titular de la Aduana. Tras más de cuarenta días como colonia británica y los actos de resistencia ya conocidos, en Buenos Aires se derrotó a los ingleses, que partieron a Montevideo para intentar nuevamente una segunda invasión inglesa en 1807, esta vez encabezada por John Whitelocke, la cual fue rápidamente repelida por la población.
Los ingleses recién reconocieron la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata en febrero de 1825, con la firma del tratado de Amistad, Comercio y Navegación, cuya firma sólo ocurrió después de que Buenos Aires cumpliera su condicionalidad de tomar efectivamente un empréstito con el Banco Baring Brothers de Londres por 1.000.000 de libras esterlinas. En aquel momento, el gobernador de la Provincia era Martín Rodriguez, el ministro de Gobierno era Bernardino Rivadavia y el ministro de Hacienda (¿de Buenos Aires o de Londres?) era Manuel García, el mismo que entregó la Banda Oriental.
Los “grandes negociadores” designados por Buenos Aires (entre quienes se encontraban ingleses) cerraron un acuerdo mediante el cual la Provincia debía pagar el total pero del que -dice el historiador Norberto Galasso- sólo se recibirían 552.700 libras esterlinas y ni siquiera todas en metálico. Recordemos que por aquella época se utilizaba el patrón oro y la libra esterlina era la moneda más utilizada. Cuando Rivadavia se convirtió en Presidente de las Provincias Unidas en 1826, terminó convirtiendo la deuda provincial en una deuda externa pública de toda la nación, la cual el Estado terminó pagando 80 años más tarde.
Pero el reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas -y por ende, de las islas Malvinas como integrante de la gobernación de Buenos Aires- por parte de Inglaterra fue sólo formal. En 1829, el gobierno de Buenos Aires nombró a Luis Vernet como Comandante Político y Militar de las Malvinas, quien se trasladó a las islas junto con su esposa María Sáez, autora del “Diario de Maria Sáez de Vernet”, una de las obras literarias clave para demostrar la soberanía argentina de las islas.
Pero el reconocimiento de la independencia de las Provincias Unidas -y por ende, de las islas Malvinas como integrante de la gobernación de Buenos Aires- por parte de Inglaterra fue sólo formal.
En aquella época, la caza de ballenas se encontraba en auge para la fabricación de aceite, situación que preocupaba a Vernet, que prohibió la pesca sin la autorización correspondiente. Tras detectar una serie de embarcaciones estadounidenses que se encontraban pescando de manera ilegal, Vernet procedió a la captura de una de ellas en 1831. Como represalia a este episodio, un buque de guerra estadounidense, la Lexington, desembarcó en Puerto Soledad, arrestó a Vernet y a casi todos los habitantes y destruyó el poblado. Esto dejó al archipiélago en una situación de indefensión que favoreció la ocupación de las islas por parte del Reino Unido el 3 de enero de 1833, en lo que Abelardo Ramos llama la “tercera invasión inglesa”.
Es decir, vemos ya en el siglo XIX que el bloque inglés-estadounidense impone el colonialismo con la connivencia local de quienes pregonaban el “libre comercio”, tanto en el plano económico (deuda), en el saqueo de nuestros recursos naturales (anfibios) y en la ocupación por la fuerza de las islas próximas al estrecho de Magallanes, situación que se extendió ininterrumpidamente hasta 1982.
2. La Gesta de Malvinas de 1982
Suele caracterizarse el contexto en el que transcurrió la Gesta de Malvinas haciendo hincapié en la Guerra Fría pos Segunda Guerra Mundial (SGM) y en la disputa Estados Unidos vs. la Unión Soviética; la dicotomía capitalismo vs. comunismo; y la inscripción ideológica de la dictadura cívico militar argentina de 1976 dentro del bloque occidental. Sin embargo, es también relevante mencionar que, finalizando la SGM, surgieron distintos organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que cristalizaron el predominio de los países vencedores y establecieron un nuevo orden mundial en los distintos aspectos políticos, sociales y económicos, que jugaron un papel fundamental en la cuestión Malvinas. Fue la era de Bretton Woods y el patrón dólar.
Por un lado, la ONU surgió en la Conferencia de San Francisco de 1945, en la que participaron alrededor de cincuenta países -entre ellos, Argentina- con el objetivo de evitar otra guerra mundial. El organismo está conformado por diferentes agencias y órganos, siendo dos de los más relevantes la Asamblea General (AG), en la que están representadas todos los países y tienen un voto cada uno, y el Consejo de Seguridad, creado para “para mantener la paz y la seguridad internacionales”, el cual está conformado por quince países en la actualidad. De todos sus miembros, cinco son permanentes y diez son elegidos por la AG y rotan cada dos años. Los miembros permanentes son Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China y tienen poder de veto.
En lo que respecta a la cuestión Malvinas, deben considerarse dos resoluciones relevantes de la AG: la 1514 (XV) de 1960 que proclama la necesidad de ponerle fin al colonialismo en todas sus formas, y la 2065 (XX) de 1965, que reconoce que existen dos partes en la disputa de soberanía por las Malvinas, Argentina y Reino Unido, y que deben tenerse en cuenta en el marco de las negociaciones los intereses y no los deseos de los isleños -es decir, no es aplicable el principio de libre autodeterminación. Sin embargo, el 3 de abril de 1982 -un día después del desembarco argentino en las islas- el CS de la ONU exigió “la retirada inmediata de todas las fuerzas argentinas” del archipiélago, apoyando la postura colonial. EEUU y Reino Unido votaron, por supuesto, a favor, mientras que países como China y Rusia se abstuvieron y Panamá votó en contra.
La historia y el sentido común hubiesen podido hacer llegar a la conclusión a quienes dirigían los destinos de la Patria en el medio de un conflicto diplomático militar que, a esas alturas, EEUU no iba a apoyar a Argentina y se volcaría a favor de su aliado en la OTAN. Sin embargo, la sobreideologización de la Junta Militar les hizo imaginar lo contrario y dejaron que un representante estadounidense, Alexander Haig, sea intermediario entre Argentina y Reino Unido durante las negociaciones de abril. Además, la Junta convocó al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) suponiendo (erróneamente) el apoyo de EEUU.
El TIAR es un pacto de defensa de 1947 mediante el cual las partes signatarias (entre ellas, Estados Unidos y Argentina) convienen que “un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, y en consecuencia, cada una de dichas Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque” (art.3). En la contradicción entre el TIAR y la OTAN, EEUU eligió a su aliado británico sin demasiada dificultad, al que le cedió el uso de su base aeronaval de la isla Ascensión.
Tras el hundimiento del ARA General Belgrano por parte de las fuerzas de Margaret Thatcher, el conflicto bélico fue un hecho y para sostenerlo se necesitaban recursos financieros. En una nota reciente se ha descrito la situación de endeudamiento a la que la dictadura sometió a la Argentina con fines especulativos. La cuestión Malvinas nos sirve en este punto para explicar que las medidas económicas contra Argentina -que además se encontraba considerablemente endeudada con bancos británicos- fueron un instrumento clave que acompañó al instrumento militar británico.
EEUU eligió a su aliado británico sin demasiada dificultad, al que le cedió el uso de su base aeronaval de la isla Ascensión.
La economista Noemí Brenta sostiene: “En abril de 1982 la Comunidad Económica Europea prohibió importar desde Argentina; las exportaciones cayeron fuertemente. Estados Unidos prohibió la venta de armas al país y suspendió los créditos del Eximbank. Los bancos aceptaron de mala gana renovar los préstamos existentes, el acceso al mercado internacional de capitales se interrumpió y los atrasos en los pagos comenzaron a acumularse (...) En junio de 1982, cuando terminó la guerra, la deuda externa argentina se acercaba a 40 mil millones de dólares, equivalentes a más de 5 años de exportaciones. La mitad vencía al año siguiente y era imposible atenderla”. Como si esto fuera poco, siguiendo a Brenta, luego del arresto del entonces presidente del Banco Central, Julio González del Solar, el comité de bancos -recordemos que el 70% de la deuda argentina era con los bancos, mucho estadounidenses- informó su decisión de “no renovar el crédito puente (...) y no otorgar nuevos préstamos hasta que se derogara la legislación que permitía discriminar contra los bancos británicos”. Además, el FMI suspendió el stand by y las negociaciones.
Así, durante y después de la guerra de Malvinas, con una Junta militar que pregonaba el libre comercio con el mundo occidental, el bloque inglés-estadounidense sostuvo el colonialismo tanto en el plano económico (deuda y sanciones a Argentina), en el saqueo de nuestros recursos naturales (mediante la Falkland company fundamentalmente) y la ocupación por la fuerza de las islas.
3. Desmalvinización y acuerdos probritánicos
En el período democrático encontramos al menos tres series de acuerdos entreguistas: los Acuerdos de Madrid I y II (1989 y 1990), que promovieron el saqueo de nuestros recursos naturales y se firmaron bajo el gobierno de Carlos Menem; el acuerdo Foradori-Duncan (2016), signado durante el gobierno macrista y con la particularidad de que el canciller argentino estaba completamente borracho al firmar, según su par británico; y el reciente acuerdo Mondino-Lammy (2024), cocinado bajo el gobierno del admirador de Margaret Thatcher, Javier Milei, quien además se fue corriendo a Ushuaia para una foto con la Comandante del Comando Sur de los Estados Unidos y anunciar una base colonial.
Los acuerdos coloniales del siglo XX y XXI se terminaron de sellar con sus correlatos económicos. En el gobierno de Menem, el endeudamiento externo se entrelazó con la privatización de empresas del Estado, muchas de las cuales habían sido cruciales para defender la soberanía en 1982, como Aerolíneas Argentinas, YPF y Empresa Líneas Marítimas Argentinas (ELMA). Por su parte, el gobierno de Macri promovió el pago a los fondos buitre y nos volvió a endeudar con el FMI bajo el primer mandato de Trump, mismo camino por el que nos está llevando Milei.
Recordemos, de modo muy general, que el FMI tiene como principal fuente de recursos las cuotas, que son montos que pagan los países miembros por su participación. El valor de las cuotas determina la cantidad máxima de recursos financieros que un país está obligado a proporcionar al FMI, el monto máximo de préstamos que puede obtener un país miembro, la participación de cada Estado en una asignación general de Derecho Especial de Giro (DEG) y el poder de votos en las decisiones del FMI. Spoiler alert: Estados Unidos especialmente y países europeos -¡como Reino Unido!- son quienes tienen mayores cuotas y, por ende, mayor cantidad de votos. EEUU, además, tiene poder de veto en distintos asuntos, como, por ejemplo, en la asignación y cancelación de DEGs o incluso en la interpretación del Convenio del FMI y un veto de facto para decisiones que requieren una mayoría del 85%. En resumidas cuentas, como señala Brenta, el FMI plasmó “el nuevo sistema monetario mundial, asegurando su control al nuevo hegemón: Estados Unidos y, de modo mucho más restringido, a sus socios menores, los países aliados de Europa Occidental, siendo el Reino Unido primus inter pares”.
En suma, el mismo bloque inglés-estadounidense, con Milei y el macrismo en el gobierno (que pregonan el libre mercado) sostienen el colonialismo en el plano económico (deuda externa), el saqueo de nuestros recursos naturales (las islas tienen uno de los PBIs per cápita mayores del mundo y su economía se basa en la pesca, lana y carne) y la ocupación por la fuerza de las islas en el siglo XXI.
Es también por la política malvinera kirchnerista que le niegan la visa estadounidense a Cristina. Por la defensa de Malvinas en los organismos internacionales y regionales, por reconocer al veteranx como protagonista activx y sujeto histórico, por echar al FMI, por la política de reestructuración de deuda soberana y por enfrentar a los buitres de adentro y de afuera que desde el siglo XIX siguen siendo los mismos.
* Militante de La Cámpora Boedo.