Al día siguiente de las multitudinarias movilizaciones en todo el país por el 24 de marzo, el presidente Javier Milei ordenó destruir el Monumento a Osvaldo Bayer emplazado en el paraje de Aike Güer, a la vera de la Ruta Nacional 3, en la entrada Rio Gallegos, Santa Cruz. Lo hizo a través de Vialidad Nacional.
Ese mismo día, el secretario de Obras Públicas de la Nación, Luis Enrique Giovine, y el administrador de la Dirección Nacional de Vialidad, Marcelo Campoy, faltaron nuevamente a la reunión de la Comisión de Obras Públicas de la Cámara de Diputados de la Nación. Habían sido invitados para dar explicaciones. Quienes no se ausentaron fueron los dirigentes de las distintas organizaciones sindicales que representan a los trabajadores y las trabajadoras de Vialidad Nacional. Y expusieron un panorama desolador.
En lugar de argumentar en el Congreso, mandaron una topadora a demoler el monumento a uno de los más grandes intelectuales y militantes que habitó en estas tierras. Las prioridades liberales.
Osvaldo Bayer fue un referente en la lucha por los Derechos Humanos. En sus libros, en sus columnas y en cada aparición pública era contundente y tenaz en su objetivo de dar luz a los hechos históricos que el poder económico ha querido ocultar.
En estos días circulan repudios desde todos los rincones del país. Hay una especie de consenso en todos esos comunicados que podemos resumir más o menos así: después de las enormes movilizaciones del 24 de marzo, el gobierno pretende borrar la historia destruyendo el monumento a Osvaldo Bayer.
La derecha argentina tiene, desde siempre, una obsesión por querer ocultar la historia y los símbolos de lucha de nuestro pueblo. En esta versión libertaria no podía ser de otra manera y, además, le agregan estridencia, burla y saña.
En la larga trayectoria de Bayer hay dos temas de los que se ocupó que son tal vez más conocidos por todos y todas: la Conquista del Desierto y la Patagonia Trágica. En ambos, reveló cómo fue construyendo sus cimientos el poder económico de la Argentina. En esos dos hechos históricos están entrelazadas las mismas herramientas y métodos. Represión, asesinatos, desapariciones, ocultamiento y reparto de negocios en pocas manos y a espaldas de los intereses del conjunto del pueblo argentino. Así han construido un modelo económico. Tal como se ha leído en los documentos de los actos del 24 de marzo, en todo el país.
Este gobierno elige ser parte de esa saga histórica de ajuste y represión, y al día siguiente de una de las fechas más sensibles y movilizantes de nuestro país destruye un monumento, que no es otra que cosa que una forma solapada de hacerle un homenaje a la represión.
Conozco el legado de Bayer porque, como secretario de Derechos Humanos de Santa Cruz, acompañé a la gobernadora Alicia Kirchner en la construcción de políticas de Memoria, Verdad y Justicia por los 1500 trabajadores fusilados que Osvaldo rescató del ocultamiento. Construimos además el “Monumento a los Obreros” en el Paseo de la Memoria; se instauró el 7 de diciembre como Feriado Provincial Permanente en conmemoración a los obreros asesinados en las "Huelgas Patagónicas"; se creó la Mesa Provincial por las Huelgas Patagónicas y se conformó la Comisión Provincial de la Memoria. También se señalizaron, en las rutas, los sitios de memoria de la provincia.
Estas políticas de Memoria se articularon con el trabajo de la Secretaría de Turismo provincial para que la Verdad sea mostrada a quien visite Santa Cruz. Se impulsó la formación obligatoria en Derechos Humanos que incluye a las Huelgas y su vinculación con la última dictadura cívico-militar. Y lo más importante: en nuestra gestión, la Provincia de Santa Cruz se presentó como querellante en el juicio por la verdad.
Néstor y Cristina nos marcaron un camino para construir política pública de reparación, allí donde hay una injusticia. Hay un legado en el Pueblo que es de lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia, y Osvaldo Bayer ha sido un militante indispensable de ese legado. La escena torpe de la topadora, el mismo día que los funcionarios, a cargo de esa “política pública”, volvieron a ausentarse de la Comisión de Obras Públicas de la Cámara de Diputados, y los trabajadores denunciando el desastre en Vialidad Nacional; es tan bizarra que se completa con la imagen patética de amor y cholulismo que tiene este gobierno hacia personajes como Trump y Elon Musk.
Las provocaciones, el negacionismo de la historia y el ocultamiento de la realidad, justo cuando se ven los efectos del ajuste más grande del universo y el gobierno de Milei vuelve a someter al país a un nuevo endeudamiento con el FMI, son parte de una tradición de la derecha ya conocida. No hay nada nuevo en esta “política pública” de derribar monumentos y símbolos.
Tampoco será novedoso que este modelo de ajuste y represión será un nuevo fracaso.
* Militante de La Cámpora. Ex secretario de Derechos Humanos de la Nación.