Política

Liberación o Dependencia

Braden o Perón

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Se cumplen ochenta años de la gesta que inicia el 17 de octubre de 1945 y se concreta el 24 de febrero de 1946. Perón: desde la cárcel hasta el gobierno; de la proscripción a la presidencia. De Braden a Lamelas, la colonia siempre encuentra sus adeptos. Queremos a Perón; queremos a Cristina.

por La Cámpora
24 feb 2026

Las transformaciones concretas de la vida popular efectuadas por Juan Domingo Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión se volvieron irreversibles aquel 24 de febrero de 1946, día de las elecciones que lo consagraron presidente. Todos los partidos políticos tradicionales -de izquierda a derecha- y los grandes medios de comunicación, con la Embajada de Estados Unidos a la cabeza, no pudieron contra la conciencia y la responsabilidad que despertó en el pueblo argentino la interpelación del simpático y aguerrido Coronel. Del 17 de octubre al 4 de junio, pasando por ese mismo 24 de febrero, los trabajadores y trabajadoras de nuestro país lograron llevar a Perón de la cárcel al gobierno. Habían comprendido que sólo con su libertad podían liberar a la Patria y a sí mismos de las cadenas que los oprimían.

Camino a las elecciones se empiezan a reorganizar las fuerzas políticas. La coalición que integran el flamante Partido Laborista, FORJA y la Junta Renovadora Radical que, con el respaldo implícito de la iglesia, se va a enfrentar a la Alianza de la Unión Democrática, compuesta por los partidos Radical, Socialista, Demócrata Progresista y Comunista. La estrategia de la oposición, pergeñada por el ex embajador yanqui y entonces secretario de Estado adjunto para Asuntos de las Repúblicas Americanas, Spruille Braden, tenía el decidido afán de frenar el avance del nuevo movimiento que emerge del subsuelo de la Patria para conmoverla toda.

Es en el marco de esta campaña que, el día 14 de diciembre, Perón realiza el icónico acto donde se saca el saco y hace gala de nuestra identidad de descamisados  -que luego Evita volvería inmortal-, mientras se escuchan sonar los primeros bombos peronistas. Entre tanto, los vendepatria de siempre ya bastardeaban entonces la palabra libertad, y le mentían al pueblo diciendo que este nuevo actor político conducido por Perón era de tinte nazifascista. ¿No eran ellos, en realidad, los que habían despreciado y ninguneado a los “cabecitas negras”, con evidente saña racista, y los que fantaseaban con un país hecho a imagen y semejanza de Europa?

A tan solo cinco meses de la demostración de fuerza política más grande de nuestra historia, la elección fue ajustada. Unos 1.486.866 votos se inclinaron por la liberación de la Patria, contra 1.288.880 que apoyaron a los candidatos que representaban la sumisión a los intereses británicos y norteamericanos. Las promesas de la fórmula radical, de que no iban a tocar ninguna de las conquistas que los trabajadores y trabajadoras habían obtenido entre 1943 y 1945, se diluyeron como cantos de sirena ante la realidad efectiva de que fue el propio Perón el que terminó con décadas de engaños y manipulaciones y le dio al pueblo lo que tantos otros le habían negado. Fue ahí que el apotegma “mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar” se volvió parte indisociable de la idiosincrasia argentina.

También, hace ochenta años, la dicotomía Patria o colonia se manifestaba con la intensidad y el dramatismo que sentimos y experimentamos hoy, cada vez que el presidente profundiza las relaciones carnales con Estados Unidos o que el Congreso sanciona leyes como el RIGI y la reforma laboral, que arrasan con los derechos de los trabajadores y trabajadoras mientras pretenden dejar nuestro suelo como tierra arrasada frente a la voracidad extractivista del Imperio. Si en las vísperas de la Revolución de Mayo, y luego también, estaban quienes deseaban seguir dependiendo de la corona española y añoraban al “querido rey”, es evidente que en 1946 y 2026 nuestra sociedad continúa expuesta a las mismas contradicciones.

Lo reconoció explícitamente Peter Lamelas, el actual embajador estadounidense en nuestro país, al afirmar que una de sus principales tareas es “asegurarse de que Cristina Fernández de Kirchner reciba la justicia que merece”. Poniendo a Cristina como principal antagonista, Javier Milei y Donald Trump dan por sentado que la prisión y la proscripción de la compañera son condiciones necesarias para llevar adelante la triple flexibilización, laboral, ambiental e impositiva, que el Fondo Monetario Internacional viene preparando y ejecutando en nuestro país desde que Mauricio Macri y Luis Caputo lo trajeron de vuelta. No caben dudas de que en tiempos del Corolario Trump de la Doctrina Monroe, el saqueo de nuestros bienes naturales comunes se encuentra a la orden del día. “América para los Americanos”, rezan los yanquis en su obsesión por dominar el continente desde Groenlandia hasta nuestra Antártida.

La prisión y la proscripción de Cristina son condiciones necesarias para llevar adelante la triple flexibilización, laboral, ambiental e impositiva, del FMI.

Así como Braden hizo todo lo que estaba a su alcance y más para que triunfara la Unión Democrática, Trump, sin ningún pudor, admitió su apoyo a Milei en las últimas legislativas. ”Iba a perder la elección, lo apoyé y ganó de forma aplastante”, dijo en una entrevista y volvió a reiterar el concepto la semana pasada, en su patético Consejo de la Paz al que el presidente argentino fue a lamerle las botas. El costo que nuestra soberanía pagará por ello todavía no lo podemos dimensionar, y es imperioso hacerle frente antes de que sea demasiado tarde.

Es por eso que queremos a Cristina libre. Porque bajo sus dos presidencias garantizó con cabeza, corazón y coraje la soberanía de nuestra Patria, en pos de la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación. Como rechazamos cuando Braden nos quiso decir a quién podíamos o no elegir; rechazamos hoy que Trump, la mafia judicial y Clarín nos digan que no podemos elegir a Cristina.

La libertad de Cristina es la libertad de la Argentina, y este debe ser el punto de partida del peronismo, como fue la libertad de Perón en aquel glorioso 17 de octubre, sin el cual el 24 de febrero hubiera sido directamente imposible.