Editorial

A un año de su paso a la inmortalidad

Francisco: un Papa del fin del mundo

DSC06014 (1)

En la madrugada del 21 de abril de 2025 falleció Francisco. Primer líder no europeo de la Iglesia Católica, primer papa latinoamericano, y argentino. Revolucionó la fe católica y conmovió a centenares de millones de personas en todo el mundo.

por La Cámpora
21 abr 2026

Francisco fue el primer líder no europeo de la Iglesia Católica, primer papa latinoamericano, y argentino. Con su prédica y sus actos, revolucionó la fe católica y conmovió a centenares de millones de personas en todo el mundo.

Sus doce años al frente del Vaticano estuvieron marcados por un pensamiento y una acción transgresora, contra las estructuras vigentes y los poderes imperantes, poniendo al ser humano -especialmente a los más desprotegidos, los abandonados, los postergados- y al ambiente que habitamos, la “Casa común”, en el centro de cada una de sus intervenciones, criticando todo tipo de explotación, injusticia y opresión como contrarias a los valores fundamentales del cristianismo.

Después de casi una década y media de gobiernos nacionales y populares en América Latina, la llegada de Francisco al papado sumó una voz de alcance mundial en contra de la omnipotencia del Dios mercado y a favor de la búsqueda del bien común.

Nos legó cuatro encíclicas y ocho exhortaciones que justifican conceptual y teológicamente su acción: la necesidad de una Iglesia que esté cerca de los pobres, de cuidar la relación de los seres humanos entre sí, de construir una comunidad organizada que combata la desigualdad y de buscar un desarrollo sostenible e integral con el trabajo y el respeto por la naturaleza como piezas nucleares.

Laudato Si, “Alabado seas”, del 2015, trata del cuidado de la Casa Común, la “madre tierra”, que es una hermana más. El Papa hace un llamado a protegerla, con la familia humana unida en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, frente al actual modelo de desarrollo, basado en la cultura del descarte que provoca graves efectos de degradación ambiental de la mano de la degradación humana y social, afectando especialmente a los más pobres. Dice allí:

La ecología integral es inseparable de la noción de bien común, un principio que cumple un rol central y unificador en la ética social. [...] Finalmente, el bien común requiere la paz social, es decir, la estabilidad y seguridad de un cierto orden, que no se produce sin una atención particular a la justicia distributiva, cuya violación siempre genera violencia. Toda la sociedad –y en ella, de manera especial el Estado– tiene la obligación de defender y promover el bien común”.

En Fratelli Tutti, “Todos hermanos”, firmada durante la pandemia, Francisco conmina al encuentro humano, para hacer frente a un sistema económico que descarta los más desprotegidos, que endiosa al mercado y que construye una “cultura de muros”. Solo así podrá alcanzarse una verdadera y duradera paz social:

“La paz social es trabajosa, artesanal. Sería más fácil contener las libertades y las diferencias con un poco de astucia y de recursos. Pero esa paz sería superficial y frágil, no el fruto de una cultura del encuentro que la sostenga. [...] Lo que vale es generar procesos de encuentro, procesos que construyan un pueblo que sabe recoger las diferencias. ¡Armemos a nuestros hijos con las armas del diálogo! ¡Enseñémosles la buena batalla del encuentro!”.

Para Francisco, la juventud está llamada a cumplir un rol fundamental en la construcción de la cultura del encuentro y el cuidado de la Casa Común. En reiteradas ocasiones llamó a los jóvenes a participar:Hagan lío y organícenlo bien. Un lío que nos dé un corazón libre, un lío que nos dé solidaridad, un lío que nos dé esperanza”.

En reiteradas ocasiones condenó el lawfare y la persecución contra líderes populares:

“Periódicamente se verifica que se recurra a acusaciones falsas contra líderes políticos, concertadas con los medios de comunicación, los opositores y los órganos judiciales colonizados. De esta manera, con los instrumentos propios del lawfare, se instrumentaliza la lucha, siempre necesaria, contra la corrupción con el fin de combatir a los gobiernos no deseados, reducir los derechos sociales y promover un sentimiento de antipolítica del que se benefician aquellos que aspiran a ejercer un poder autoritario”, (15 de noviembre de 2019, en el Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Derecho Penal).

Con claridad, expuso la persecución mediático-judicial utilizada para avanzar sobre los derechos de los seres humanos. Lo que estamos viviendo aquí y ahora, concretamente, con la injusta prisión contra Cristina: su encarcelamiento es la condición de posibilidad del ajuste, el hambre y el saqueo contra el pueblo argentino.

En medio de un siglo dominado por las corporaciones, Francisco fue el Papa de los pueblos, desde un universalismo solidario, basado en la cooperación y el reconocimiento de las diferencias. En medio de un siglo marcado por guerras cruentas e inhumanas, que destruyen comunidades y expulsan poblaciones, Francisco fue un Papa humano, que hizo del amor el centro de su prédica. En medio de un siglo atravesado por el desarrollo de grandes tecnologías despolitizadoras, Francisco fue un Papa militante, que siempre reivindicó la política como el noble esfuerzo de llevar adelante un proyecto común, que dé sentido a existencias quebradas y abatidas y las transforme en una vida nueva y mejor para todos y para todas.

Francisco puso el cuerpo hasta el último segundo y nos convocó a imitar su ejemplo. En lugar de rendir cuentas ante los poderosos, eligió hacerlo ante los pobres, los humildes, los desplazados, los marginales, y enfrentarse a los responsables de tanta desigualdad y tanta miseria, así como al sistema que las reproduce diariamente.