Política

Fuera Ingleses, fuera FMI

Malvinas entre la soberanía y la deuda

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Menos de una década separa la ocupación británica de nuestras islas en 1833 y la toma del fatídico empréstito de la Baring Brothers en 1824. La primera deuda que firmaron las élites liberales porteñas la terminamos pagando ochenta años después, en una cifra ocho veces superior y sin que una sola libra haya sido utilizada para beneficio de nuestra gente. El hilo que las une: la liquidación de nuestra escuadra naval en 1828.

por La Cámpora
1 abr 2025

La firma del empréstito con la Baring Brothers y la posterior usurpación británica de las Islas Malvinas inauguraron una metodología, cuya esencia liga inextricablemente el endeudamiento externo con la pérdida de soberanía. La deuda contraída en 1824 no solo hipotecó el futuro económico del país, sino que también condicionó su capacidad de defensa, facilitando la avanzada colonial británica sobre nuestro territorio. Sin una armada propia y con la economía atada a los intereses de Londres, la ocupación de 1833 se concretó sin resistencia militar, consolidando un patrón de dependencia que se replicaría una y otra vez a lo largo de nuestra historia.

El fraude financiero de entonces –tan parecido al de hoy– sirvió para que las ganancias acumuladas por los comerciantes británicos que operaban en Buenos Aires, y que no podían ser enviadas a Londres por falta de metálico, acabaran siendo registradas en favor de esos comerciantes, en una maniobra contable para fugar capitales que despertaría la envidia del mismísimo Toto Caputo. En lugar de enviarnos fondos frescos para que el país los disponga, ese saldo se computa en Inglaterra a nombre de dichos comerciantes. Se cambia así un acreedor interno (que mal o bien cumple funciones en nuestra economía) por otro externo, al que le debemos sin haber recibido nada del mismo.

Esta cercanía temporal entre los dos acontecimientos podría considerarse una mera casualidad, si no fuese porque las condiciones impuestas en aquel crédito resultaron decisivas para que la usurpación de nuestras islas se concretara con éxito. La secuencia, poco conocida, la relatan Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde en su libro Baring Brothers y la historia política argentina.

Las condiciones impuestas en aquel crédito resultaron decisivas para que la usurpación de nuestras islas se concretara con éxito.

En aquel momento, las islas estaban en posesión del gobierno de la Provincia de Buenos Aires, bajo la comandancia de Luis María Vernet. Sin embargo, los ingleses se mostraban muy interesados en quedarse con el territorio y emplearlo como base naval para tener una salida estratégica tanto hacia el Atlántico como hacia el Pacífico y, eventualmente, reclamar derechos sobre la Patagonia.

Intuyendo algo del cipayismo en sangre de nuestras clases dominantes, el diplomático radicado en Buenos Aires, Woodbine Parish, quiso gestionar la cesión de soberanía de las islas como forma de pago del empréstito, ya que nuestro país carecía de excedentes económicos con los cuales hacer frente a sus compromisos. No está de más recordar que Gran Bretaña sólo nos reconoció como nación en 1825, luego de que nos hubiéramos endeudado con ella. En otras palabras: nuestra independencia fue admitida bajo el signo de la dependencia y nuestra libertad, encadenada por los intereses de una deuda que nadie nunca vio. Suena a FMI, ¿no?

De esta manera, además de obligarnos a celebrar tratados de libre comercio, nuestros acreedores consiguieron la liquidación de nuestra escuadra naval en 1828, luego de finalizada la guerra con el Imperio esclavista del Brasil, que había dejado exhaustas las finanzas argentinas. Casi en paralelo a la sublevación de Juan Lavalle contra Manuel Dorrego, que daría inicio al largo período de guerras civiles, se remataban uno por uno nuestros buques y cañoneras, mientras se disolvía la Compañía de Astilleros de Mar y se dejaba sin presupuesto y funciones a la Armada.

Nuestra independencia fue admitida bajo el signo de la dependencia, y nuestra libertad, encadenada por los intereses de una deuda que nadie nunca vio.

En medio del ajuste y la venta del patrimonio nacional, los esfuerzos de Parish fracasaron, entre otras razones, porque los norteamericanos también aspiraban a controlar las islas. Las atacaron infructuosamente, de hecho, pero las dejaron bastante desguarnecidas. Así que los ingleses decidieron tomarlas por la fuerza en enero de 1833, cuando ya no gobernaba Juan Manuel de Rosas (que un año antes había expulsado de la Confederación Argentina al embajador yanqui, en repudio a la agresión) sino Juan Ramón Balcarce. Esta avanzada colonizadora despertó las enérgicas protestas de Manuel Moreno, hermano de Mariano y embajador en Londres, aunque sin obtener resultados prácticos inmediatos.

Nuestra impotencia en el mar no impidió la heroica revuelta de Antonio Rivero y sus gauchos, frente a la que los británicos necesitaron otra expedición para sofocarla. Cuando la batalla se libró en tierra firme, los conquistadores recularon una y otra vez. Fueron expulsados de Buenos Aires en 1806 y 1807; su intento de apoderarse de las minas de Famatina se vio truncado por la insubordinación de las montoneras lideradas por Facundo Quiroga, y la gesta de Vuelta de Obligado no podrán olvidarla jamás. Con pocos brazos pero mucho ímpetu y patriotismo, la acción de Rivero prefiguró el Operativo Cóndor, en el que un grupo de jóvenes militantes secuestró un avión de Aerolíneas Argentinas para aterrizar en las islas e izar siete banderas nacionales, un 28 de septiembre de 1966. 

Tampoco la supremacía militar británica intimidó las astucias de Rosas para provocar contradicciones en el campo enemigo. Por mencionar algunas, el Restaurador de las Leyes recurrió a la estratagema de Parish (ofrecer las Malvinas a cambio de la cancelación de la deuda), pero con un objetivo muy distinto: si los ingleses aceptaban, estarían reconociendo tácitamente la soberanía argentina sobre las islas, por lo que la Legislatura bonaerense podría rechazar el acuerdo y, no obstante, dejar en pie ese reconocimiento, que entonces no incluía sólo las Malvinas sino toda la Patagonia.

Y en segundo término, durante el bloqueo francés sobre el Río de la Plata, Rosas se aprovechó de la fragilidad financiera de la Baring para evitar que sus intereses confluyeran. Es decir, transformó la deuda (una situación de debilidad) en un mecanismo de presión para poder defender la soberanía nacional en el marco de una grave crisis. Tuvo que ser derrocado Rosas por una alianza entre unitarios, brasileños y federales díscolos para que la política británica finalmente se impusiera y el país quedara de nuevo sujeto al estrés de su deuda externa. Hasta 1884 no volvió a haber un reclamo formal de soberanía, aunque en esas décadas no faltaron voces que denunciaron la usurpación, como la del autor del Martín Fierro, José Hernández, quien en 1869 escribió:

“Los pueblos necesitan del territorio con que han nacido a la vida política, como se necesita del aire para la libre expansión de nuestros pulmones. Absorberle un pedazo de su territorio, es arrebatarle un derecho, y esa injusticia envuelve un doble atentado, porque no sólo es el despojo de una propiedad, sino que es también la amenaza de una nueva usurpación (…) pues si la conformidad o la indiferencia del pueblo agraviado consolida la conquista de la fuerza, ¿quién le defenderá mañana contra una nueva tentativa de despojo, o de usurpación?”

El mismo José Hernández se preguntó en 1880, a propósito del empréstito con la Baring: “¿Hay país próspero gobernado de esta manera? ¿No se llama eso hipotecar, algo más, empobrecer a nuestros hijos?”. Entendía perfectamente que la colonización financiera iba de la mano de la colonización por las armas, y que no era posible usurpar un territorio a miles de kilómetros de distancia si antes no se profundizaban los mecanismos de dominación que privaban al país de recursos para poder defender su integridad y los derechos de su pueblo. Por eso, todos los avances en la causa Malvinas ocurrieron en períodos de desendeudamiento y recuperación de la independencia económica: con Juan Domingo Perón, con Néstor Kirchner y con Cristina Fernández de Kirchner. Porque no se puede honrar y reivindicar nuestra soberanía sobre las islas si todos los días se rifa un poco más de nuestra dignidad nacional. 


Decía el compañero Máximo Kirchner en el acto de La Cámpora en Argentinos Juniors, en 2014: “Siempre uno escucha que hay que respetar la autonomía de los kelpers si discutimos Malvinas. Si hablamos de los fondos buitres, hay que respetar la autonomía de la justicia de Estados Unidos. Lo que uno se pregunta es cuándo van a empezar a respetar la autonomía de un pueblo que está cansado de que lo traten de bobo y que ha hecho un esfuerzo terrible estos años para pagar todos los años una deuda contraída por una dictadura militar que se llevó a muchos de los padres de mis compañeros”.


Fuera ingleses de Malvinas, fuera FMI de la Argentina.