Aquel 16 de enero de 2016 no solo comenzaba una nueva etapa neoliberal en manos de Mauricio Macri en nuestro país, sino también un hecho que dio el puntapié inicial a la embestida de los poderes reales, tanto nacionales como provinciales, contra todos y todas los que hayan tratado de sustituir el statu quo reinante antes de la asunción de Néstor Kirchner y Cristina Fernández en nuestra patria.
Ya se vio y se contó mucho acerca del rol de Milagro Sala en la provincia de Jujuy: la organización política, las marchas, los barrios, las escuelas, las clínicas, los talleres textiles y las piletas con cientos de chicos disfrutando del agua, lugar que Milagro tenía vedado en su infancia por el racismo estructural de Jujuy y de nuestro país. Pero hoy, a próximos de cumplirse 50 años del golpe, la situación de esta dirigente, mujer, negra y originaria, no es casual, porque ella acompañó a Olga Aredes, Madre de Plaza de Mayo de Jujuy, que marchaba sola para denunciar y visibilizar lo que significó la Noche del Apagón, señalando a Blaquier, quien fuera en vida uno de los hombres más poderosos de nuestro país y de la región, cómplice de la dictadura en secuestros y asesinatos de trabajadores del ingenio, pero también de personalidades de Libertador y Calilegua. Blaquier murió impune gracias al blindaje del Poder Judicial, que dilató durante años su causa, mientras a Milagro le llovían las condenas.
En Jujuy se llevaron adelante, con el acompañamiento de Milagro, las señalizaciones como espacios de detención ilegal y tortura: el Ingenio Ledesma, el destacamento de Gendarmería dentro de lo que se conoce como el barrio obrero y la comisaría de Calilegua. Durante años se marchó con miles y miles de tupaqueros en cada aniversario de la Noche del Apagón; se reclamó por salarios, trabajo, pensiones dignas, educación y salud, en una provincia donde el carácter de primera y segunda categoría siempre es estructural.
Gerardo Morales, exgobernador, transformado en empresario después de su paso por la gestión, junto al Poder Judicial jujeño, pero también con el aval de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, fueron los ejecutores de la persecución, extorsión y privación de la libertad de miles de tupaqueros y de Milagro. Acción que decantó en un alejamiento de hombres y mujeres, en su mayoría de pueblos originarios, de la participación y organización social, cultural y política en muchas provincias de nuestro país.
Como decíamos antes, a 10 años de la detención de Milagro y a 50 años del golpe cívico-militar en nuestro país, vemos cómo el poder real y operadores extranjeros se alinean para que se naturalice la deshumanización, la persecución, la proscripción y la detención de dirigentes políticos que llevaron adelante la difícil tarea de lograr que gran parte del pueblo pueda palpar e interpretar lo que es la justicia social.
No hay libertad en nuestro país si Milagro sigue presa; hay democracia fallida en nuestro país si Cristina continúa proscripta y detenida.
A 10 años de su detención, seguimos exigiendo: ¡Libertad a Milagro!