Ema Bondaruk era una adolescente del conurbano bonaerense. Tenía quince años cuando, en agosto de 2024, después de sufrir la difusión y viralización no consentida de imágenes íntimas en su entorno escolar, decidió quitarse la vida. Su historia es la de miles de pibas que, a lo largo y ancho del país, se encuentran expuestas a las violencias digitales. Desde aquel día Laura Sánchez, su mamá, comenzó un trabajo para convertir un dolor imposible de dimensionar en una lucha para que ninguna otra familia tenga que atravesar una historia como la suya.
Para que no haya ni una Ema menos
Un avance contra la violencia de género en entornos digitales
Hay dolores que, cuando se transforman en lucha colectiva, pueden convertirse en un proyecto de cuidado de otras y otros. La historia de Ema Bondaruk y Laura Sánchez, su mamá, es una de esas. El pasado 27 de agosto la “Ley Ema” obtuvo media sanción en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires. Un paso fundamental para que nuestras pibas puedan crecer en un mundo sin violencias.
De esa lucha nace la Ley Ema, que surge del trabajo de Laura y del impulso de la diputada provincial Mayra Mendoza, y que busca prevenir, detectar y abordar de manera integral las violencias digitales en todos los niveles del sistema educativo bonaerense.
La Ley Ema incorpora la ciudadanía digital como parte de la formación educativa. Porque educar hoy también implica enseñar a los pibes y las pibas cómo habitar los espacios digitales: conocer sus derechos, cuidar su privacidad, comprender qué significa el consentimiento, prevenir situaciones de grooming, sextorsión y ciberacoso, y desarrollar un uso cuidadoso de las tecnologías y de la inteligencia artificial.
Pero también establece algo fundamental: que cuando la violencia ocurre no se puede mirar para otro lado. El Estado debe dar respuestas concretas. Por eso, la propuesta establece herramientas y lineamientos para que las escuelas puedan no sólo prevenir, sino también detectar y actuar frente a estas situaciones de violencia digital, acompañando a quienes las atraviesan.
Mayra conoció a Laura el 2 de octubre de 2025. En ese encuentro asumió el compromiso de trabajar para que la historia de Ema pudiera transformarse en una herramienta de cuidado para miles de niñas, niños y adolescentes. “¿Qué hace la política frente a estos casos de violencia digital de género? Algunos buscamos cuidar y proteger a nuestras infancias, pero hay también quienes le dan la espalda: estos representan la antipolítica”, dijo Mayra durante la sesión en el recinto.
Porque legislar es escuchar. Porque hacer política es poner el cuerpo, el tiempo y el esfuerzo al servicio de transformar las injusticias que atraviesan nuestro pueblo.
No se trata de perseguir a nuestros pibes. No se trata de demonizar la tecnología ni de decirles que las pantallas son malas. Se trata de entender que las redes sociales forman parte de nuestras vidas y que necesitamos herramientas para usarlas de manera responsable y habitarlas de manera segura. Y, sobre todo, porque lo que pasa en internet también pasa en nuestras vidas: las violencias digitales tienen consecuencias concretas sobre nuestros cuerpos, nuestros vínculos y nuestra vida cotidiana.
La historia de Laura nos recuerda a tantas mujeres que supieron transformar el dolor en una lucha colectiva. A nuestras Madres y nuestras Abuelas. A las piqueteras, a las que sufrimos violencias, a las que padecemos el hambre. Mujeres que nos enseñaron que el dolor puede ser también motor y fuerza para dar las peleas necesarias, sin titubear.
La historia de Ema tiene esa misma enseñanza. No nace del rencor ni del odio. No nace de la venganza. Nace de la lucha por la memoria y la justicia, y del amor de una madre que no quiere que la muerte de su hija sea en vano.
Frente a un Estado que nos abandona y pretende retroceder en derechos, existen también compañeras que trabajan, que militan, que escuchan y que alzan la voz para construir políticas que nos cuiden.
La Ley Ema es un paso en esa dirección. Ahora tiene que ser ley.