Política

A 50 años del asesinato de Paco Urondo

El poeta militante

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Hace 50 años la dictadura asesinaba al compañero Francisco "Paco" Urondo, pero su ejemplo de palabra en acción nos sigue acompañando. Poeta militante por sobre todo, su obra nos transmite una sensibilidad y un pensamiento con la claridad y la fuerza suficientes para seguir transformando la realidad, que es también nuestra vida. De Trelew a San José, la patria fusilada y proscripta demanda ser liberada.  

por La Cámpora
17 jun 2026

Hace 50 años, un 17 de junio de 1976, Francisco “Paco” Urondo fue asesinado durante una emboscada policial en Mendoza. En ese mismo operativo de la dictadura también fue secuestrada su compañera Alicia Raboy (todavía continúa desaparecida) y la hija de once meses de ambos, Ángela, quien luego de ser apropiada pudo recuperar su identidad en los años 90. 

 

Paco Urondo, oriundo de Santa Fe, fue uno de los poetas argentinos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, además de novelista, periodista, crítico, guionista de cine y dramaturgo. Pero su obra como escritor, más allá de sus virtudes técnicas y renovadoras, es inescindible de su compromiso político y de su militancia en el peronismo. Porque Urondo siempre entendió la vocación por la poesía como una transición hacia otra realidad. Una transición que empieza por las nuevas sensibilidades, lenguajes y relaciones que el poeta percibe ahí donde parece que todo está quieto, que todo se pudre en su rigidez. “Es la poesía una experiencia que complica todos los aspectos de la existencia del poeta, que a su vez se hace cargo, a través de ella, de los temores y de las creencias de muchos; al menos de dos”, expresó en una ocasión.


Decía Urondo que lo único que no se puede transformar es la muerte, “absoluta sombra” y “eterno pliegue”. Perteneció a una generación que tuvo que codearse con la muerte como una posibilidad concreta. Hasta que Néstor y Cristina volvieron a cambiar la historia, la militancia estuvo proscripta en la Argentina. Militar por un país mejor era motivo suficiente para que el poder se sintiera justificado a matar. Sin embargo, eso no impidió que miles y miles de compañeros y compañeras, en abierta rebeldía, se sintieran justificados a vivir. 


Vivir solo cuesta vida, inmortalizó el Indio. Y Paco comía de la misma miel.

Entre sus versos más memorables-y más militantes- pueden citarse estos:


“No tengo


vida interior: afuera 


está todo lo que amo y todo


lo que acobarda.


No tengo


vida interior: tengo


el gusto, un aire


que me viene de afuera.


No me llega


de lejos, sino de cerca,


de ahora,


y del recuerdo del presente.


La vida siempre


me rodea, va porfiando vivir”.


En otro lugar, declaraba que “sin jactancias puedo decir/que la vida es lo mejor que conozco”. No era para él la vida, sin embargo, la opción individualista por el hedonismo depresivo que el sistema pretende imponernos. La vida, pensaba Urondo, nunca nos pertenece del todo. A otros se la debemos, a otros se la damos. Y siendo la muerte la única realidad que no se puede transformar, la poesía y la militancia (si no son la misma cosa) osan interrumpir la certeza con un gran paréntesis.


“Quiero seguir viviendo, para que vivan a mi lado”, le canta el poeta a sus amigos muertos. Porque “no cantan los que nunca conocieron una esperanza”. Aunque nos falten fuerzas o tiempo para cumplir las hazañas que prometimos, siempre es posible seguir cantando. Y mientras sigamos cantando, seguiremos transitando los caminos que van del “misterio de la lengua” al “misterio de la gente”, que es como Juan Gelman, otro militante, otro poeta, definió la búsqueda de Paco Urondo. 


Para Urondo, el secreto impulso que lleva a la poesía es la “necesidad de mover al mundo con algunas palabras”. En la misma línea, el Indio Solari señalaba: “Dicen que una canción no cambia al mundo, pero me consta que puede cambiarme a mí, al menos. Y si me cambia a mí, está cambiando al mundo de todos modos, de a un ser humano por vez”. Los paralelismos, desde luego, no terminan acá.


Porque cuando Paco afirma, frente a sus aduladores, que no es él sino el pueblo el poeta de la revolución, aclara enseguida: “pero el pueblo concreto, de persona a persona”. Por eso le gustaba citar esa frase de Lautreamont que reza que “la poesía debe ser escrita por todos”. Todos y todas tenemos algo para aportar. Y en una tierra ocupada, devastada, colonizada, como lo es la nuestra, como lo era la Argentina en la que vivió Urondo, la poesía sólo puede ser “una palabra en acción, revolucionando”.

Ni acción sin sueños, ni sueños sin acción.

De ahí que la poesía sea también un método de conocimiento y comunicación en una época dominada por la incomunicación. Tanto Urondo como Walsh, compañeros en Montoneros y el diario Noticias, llamaron a romper esa incomunicación, ese terror, mediante el uso de la palabra justa. Darle voz a los derrotados es la síntesis de todo su proyecto, desde los extensos poemas en los que Paco reconstruye la historia argentina a Operación Masacre y de Operación Masacre a La patria fusilada, el célebre reportaje que Urondo les hizo en la cárcel de Devoto a los sobrevivientes de Trelew, en vísperas de la asunción de Héctor Cámpora y la liberación de los presos políticos durante la noche del 25 de marzo de 1973. Fue en aquel testimonio que María Antonia Berger, luego secuestrada por la dictadura, contó haber escrito con su sangre en las paredes de la Base Aeronaval Almirante Zar la cifra L.O.M.J.E., “libres o muertos, jamás esclavos”. 


No es casualidad que la mafia que actualmente gobierna el país haya elegido las fechas de esos dos fusilamientos para vender y consumar la proscripción de Cristina. El 22 de agosto de 2022 fue el alegato del fiscal Luciani, que inspiró a Fernando Sabag Montiel para gatillarle en la cabeza unos días más tarde. El 10 de junio de 2025, la Corte Suprema recordó la masacre de José León Suárez ratificando la condena contra Cristina, hoy presa y proscripta en San José 1111. Pero la causa de la libertad de Cristina es la causa del pueblo que sufre y padece las exigencias del Fondo Monetario Internacional y que ve deteriorarse sus condiciones de vida desde la noche en que Cristina dejó de ser presidenta. 


Por eso no podemos cerrar este homenaje a Paco Urondo sin citar ese hermoso poema titulado “La verdad es la única realidad”, en el cual convergen la lucha de toda su vida y también la nuestra: 

 

“Del otro lado de la reja está la realidad, de

este lado de la reja también está

la realidad; la única irreal

es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien

si pertenece al mundo de los vivos, al

mundo de los muertos, al mundo de las

fantasías o al mundo de la vigilia, al de la

explotación o de la producción.

Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel

cuerpo, ese vaso de vino, el amor y

las flaquezas del amor, por supuesto, forman

parte de la realidad; un disparo en

la noche, en la frente de estos hermanos, de estos

hijos, aquellos gritos irreales de dolor real de los torturados en

el angelus eterno y siniestro en una brigada de

policía cualquiera son parte de la memoria, no suponen

necesariamente el presente, pero pertenecen a

la realidad. La única aparente

es la reja cuadriculando el cielo, el canto

perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz

fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo

inmenso cubriendo la Patagonia

porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad,

como la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia

estival: son la realidad, como el coraje y la

convalecencia del miedo, ese aire que se resiste a volver

después del peligro como los designios de todo un pueblo que

marcha hacia la victoria o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a

defenderse, a rescatar lo suyo, su realidad.

Aunque parezca a veces una mentira, la única

mentira no es siquiera la traición, es

simplemente una reja que no pertenece a la realidad.”