Sara “Coca” Luján de Molina, nacida en Córdoba y abrazada para siempre por nuestra querida Catamarca, fue una compañera imprescindible en la lucha inclaudicable por los Derechos Humanos, la Memoria, la Verdad y la Justicia.
El 24 de marzo de 1976 fue detenida por la dictadura genocida y, mientras permanecía presa, su hijo Raúl Mateo Molina Luján, estudiante de Arquitectura, fue secuestrado y asesinado en el centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba. Pero ni el horror ni el dolor pudieron detenerla:
Nos dejó como legado su libro “Encontrar a Nuestros Hijos”. Testimonio de una madre, donde reconstruyó su detención entre marzo de 1976 y septiembre de 1977 y también el nacimiento del movimiento de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas de Córdoba, junto a otras madres, padres y compañeros de los organismos de Derechos Humanos. Expresó además sus sentires a través del arte, sembrando memoria en cada obra, en cada cuadro, en cada trazo de esa muestra entrañable que fue Memorias que Arden.
Coca sufrió en carne propia los vejámenes de la dictadura y el dolor irreparable de perder a su hijo en manos del terrorismo de Estado, pero eligió sembrar memoria desde el amor, iluminar el camino de la verdad y la justicia, y dejar en cada compañero y compañera una marca profunda de ternura, compromiso y ejemplo.
Hoy nos toca despedirla, a sus 100 años, rodeada del amor de familiares, afectos y militantes de los Derechos Humanos entre Catamarca y Córdoba. Y aunque su partida nos duele, sabemos que las compañeras como Coca no se van nunca: viven en cada bandera, en cada marcha, en cada ronda, en cada joven que abraza la memoria como bandera de futuro.
Gracias, Coca, por tu amor inmenso, por tu lucha incansable, por tu ejemplo, por tu abrazo y por haber hecho de tu dolor una causa colectiva.
Hoy y siempre seguiremos militando por tu memoria. Y a 50 años del último golpe cívico-militar, marcharemos con tu nombre en alto, como bandera y como camino.
¡Hasta siempre, Coca!